Cabalga Cabalga Cabalga

Por Teresa Solar

[Cabalga cabalga cabalga se podrá ver del 16 de febrero al 29 de julio en Abierto x Obras de Matadero Madrid]

Nut o Nuit, según la mitología del Egipto faraónico, es la diosa del cielo, creadora del universo y los astros. En relieves y pinturas se la representa como una mujer desnuda, con el cuerpo arqueado a modo de bóveda celeste, revestida de estrellas. Nut, madre de los dioses, diariamente paría al Sol que, viajando bajo su cuerpo, llegaba al atardecer hasta su boca, desapareciendo en su interior y renaciendo al día siguiente. Nut explicaba la rotación del sol: su cuerpo, que es la bóveda celeste y el manto de oscuridad nocturno, tendía un puente de comprensión entre los creyentes y la total nada, sin fondo, que constituye el espacio exterior. En la pintura y los relieves egipcios de época faraónica cada parte del cuerpo está reproducida desde un ángulo claro e inconfundible; la mezcla de perspectivas de perfil y frontales proporciona la impresión de estabilidad pero, a la vez, de un movimiento dinámico hacia adelante.

Hay un grupo de seres vivos que experimentan en sus propias anatomías esta transformación patente en la estética faraónica: los pleuronectiformes o peces planos. A esa familia ictiológica pertenecen platijas, gallos y lenguados. Viven acostados sobre el fondo del mar y se caracterizan porque su cuerpo es asimétrico, siendo especialmente llamativos sus ojos, ambos en el mismo lado, el que no reposa sobre el lecho marino. Los alevines nacen con un ojo a cada lado, pero al poco tiempo de vida sufren la “migración ocular”, fenómeno por el que el ojo izquierdo se traslada a la derecha de su cuerpo. Tras esta metamorfosis los peces planos descienden al fondo sobre el que posan su faceta ciega, mientras que la otra accede a toda la información: sus dos ojos te ven, todas sus perspectivas más  interesantes quedan patentes ante ellos, en una especie de cubismo hecho animal, un elemento vivo tridimensional- bidimensional.

Este pez es en sí mismo un perfecto decorado. Los decorados son estructuras, superficies cuya información relevante suele mostrarse en una de las caras, dejando la otra cruda. El decorado siempre tiene un efecto cruel. Frente al excesivo candor de su cara decorada, siempre hay que hacer frente a la crueldad de la parte de atrás, que no guarda nada para al espectador. Algo que Jean Baudrillard en “Cultura y simulacro” describe a propósito de Disneylandia y de sus límites como “la soledad absoluta del parking”. ¿Qué hay más triste que el parking de Disneylandia? Recuerdo un zoo de Nebraska donde los pavos reales vagaban sueltos picoteando los restos de basura que sobresalían de una papelera con forma de helado.

Tocar el arco perfecto de una bola de helado es casi como tocar el arco perfecto de una orca en plena ejecución de su ejercicio en Loro Parque. La orca que salta y el helado papelera pertenecen al mismo espacio: ambas representan fenómenos cercanos. A partir de 1960, las orcas se convirtieron en una de las atracciones principales de los parques acuáticos del mundo debido a su tamaño, su aspecto llamativo y su fácil entrenamiento. En 2010, existían cuarenta y dos orcas en exhibición en América, Europa y Japón. El lomo de las orcas que saltan en las piscinas describe un paralelo al lomo de la diosa Nut, que con su manto mitológico nos protege frente a la total incomprensión del espacio que nos rodea.

Las primeras motivaciones de esta exposición justamente comienzan en una sucesión de lomos, lomos animales. La exposición parte del Museo de Anatomía Comparada de París, un espacio muy peculiar en el que una formidable colección de esqueletos de animales vertebrados se agrupan muy cerca los unos de los otros, de tal manera que el espectador es capaz de comparar el esqueleto de una ballena, con el de un cachalote, con el de un tiburón, con el de una orca, con el de un lenguado. A través de esta sucesión de formas similares pero siempre cambiantes se traza una historia de la evolución y progresión animal. Y este es el eje elegido para mi exposición en Matadero, en la que formas similares en temática y en morfología van creando un paisaje complejo y que abocetan diversas líneas de pensamiento, entre otras, la representación de formas nocturnas, lo liso, la frontera, la representación del cuerpo, la huida hacia adelante. El otro día me subí a un tiovivo y me monté en un caballo. A mi lado había un círculo completo de caballos: cuando el tiovivo comenzó a girar galoparon en sus propios ejes, lanzándose briosamente hacia adelante. Incluso en el movimiento mecánico se produce esa sensación de progreso. Y me emocionaron los belfos desbocados de los corceles a galope tendido, representación elocuente del esfuerzo, avanzando las siluetas, acaballándose unas sobre otras en su eje finalmente circular.

Cabalga, cabalga, cabalga.

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